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  • Melisa Leiva

Tenemos la mente de Cristo

«Nadie puede conocer los pensamientos de una persona excepto el propio espíritu de esa persona y nadie puede conocer los pensamientos de Dios excepto el propio Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido el Espíritu de Dios (no el espíritu del mundo), de manera que podemos conocer las cosas maravillosas que Dios nos ha regalado». 1 Corintios 2:11-12 (NTV)

 

En estos versículos podemos ver que hay una diferencia entre el pensamiento (la mente) y el espíritu. Al mismo tiempo, hay una diferencia entre nuestro espíritu (humano, del mundo, con los que nacemos) y el de Dios. Y según estos versículos, el espíritu individual de cada persona (de los humanos o de Dios) es el único que realmente conoce los pensamientos: los profundos y los cotidianos, y hasta los que nos pasan desapercibidos.


Entonces, la mente es un espacio completamente individual: nadie puede conocer qué ni cómo pensamos de la manera en que realmente sucede en nuestra mente. Por supuesto podemos comunicar ideas, pero el pensamiento es algo más primitivo que una idea, y mucho más todavía que la verbalización de esa idea. Aun así, hay ideas que solo pensamos y que no comunicamos, y que solo las conocemos cada uno de nosotros en nuestro interior. Lo mismo Dios. Solo el espíritu de Dios puede conocer sus propios pensamientos: su manera de pensar, sus ideas, sus planes. Él también puede comunicar sus ideas a otros (por ejemplo, a través de la Biblia) y hay otras cosas que no conoceremos sino hasta llegar al cielo. Lo magnífico de haber puesto nuestra confianza en Dios es que, cuando lo hicimos, Dios nos dio su Espíritu, es decir, puso su mente en nosotros. Gracias a eso, podemos no solo saber lo que Dios piensa sino que también recibimos su manera de pensar, su mentalidad, su manera de reaccionar ante problemas, éxitos, desafíos y mucho más.


Ahora bien, en nuestra persona existirían entonces dos espíritus: el humano, con el que nacimos de la carne, y el de Dios, el que recibimos cuando nacimos del Espíritu. Esa es la batalla que se libra en nuestra mente finita: ¿realmente creemos en que Dios puso su mente en la nuestra? Si creemos que esto es así (lo cual es verdad lo creamos o no, porque está en la Biblia-v. 16- ), entonces nuestros pensamientos se van a alinear al de Dios y vamos a poder ver con sus ojos cada vez mejor. También nuestras acciones y reacciones van a tornarse de la manera en que Dios las haría. Para esto es imprescindible que, por un lado, entendamos nuestra responsabilidad como humanos de conocer a Dios a través de su palabra y la oración, y por otro, que reconozcamos la capacidad de Dios de hacer cosas sobrenaturales en nuestras vidas. Esto da como resultado que nuestros logros materiales siempre vayan a ser espirituales, porque nunca podríamos hacer nada fuera de Dios, ni Dios haría cosas en nosotros si no se lo permitiéramos.


Además de tenerlo en cuenta en el presente y para el futuro, es importante que nos demos cuenta de que, si somos hijos de Dios, esto ya se ha manifestado en el pasado. Seguramente hubo situaciones en tu vida en las que tuviste la fuerza, la sabiduría, la voluntad para tomar una decisión correcta, reaccionar de la manera que a Dios le agrada, o hacer algo por alguien. Quizás fuiste consciente en ese momento de que fue el Espíritu el que te guio, o quizás no. A continuación te invito a que hagamos una oración simple y corta para pedirle a Dios que nos revele esas situaciones. Dios es nuestra guía, nuestra fortaleza, nuestro sustento diario, nuestro consuelo, nuestro refugio, nuestra brújula. Si todos sus hijos tenemos la mente de Cristo, entonces todos podemos escuchar la misma voz y estar de acuerdo, porque Dios no se contradice. Debemos recordar que tenemos la mente de Cristo al tomar las decisiones de cada día





[Adaptado de The Bondage Breaker y Stomping Out The Darkness del Dr. Neil Anderson y el Dr. Dave Park].

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